Amarra tus tenis

Escrito el 15/08/2017 - 9:18am Por Carlos Hernández Zamora

Salí muy de mañana, eran casi las 5:10. Vestía mi indumentaria deportiva y junto con mi esposa empezamos a caminar por aquellas calles solitarias donde únicamente el canto de los pájaros y el trajín rutinario de pocas personas, nos acompañaban. A paso veloz conversábamos de cosas triviales y caminábamos al compás del reloj. A mitad del trayecto, los cordones de mis tenis se aflojaron y  me impedían avanzar, no quería detenerme, pero era necesario. Iba  a tener un tropiezo y caer. Mi esposa me alertó : «¡Amarra tus tenis!».

¿Qué significado tiene esta oración exhortativa en nuestra vida? Como peregrinos del futuro nos internamos en una serie de caminos donde se necesita avanzar pero algunas veces no logramos hacerlo. Los cordones de nuestros zapatos no están ajustados y nos impiden continuar adelante. Pareciera insignificante que un pequeño detalle provoque una serie de situaciones adversas. El descuido del mantenimiento de un automóvil es un craso error, no le hacemos caso a fugas de aceite, problemas con el aire acondicionado, llantas sin el peso de aire adecuado, etc. Todo esto provocará tarde o temprano un desperfecto mecánico que puede terminar en un accidente.  Esto mismo pasa en las demás áreas de nuestra vida, el descuido de un área provoca un daño colateral inmediato y actuamos hasta de manera compulsiva para solucionar los problemas.

En el aspecto espiritual, el descuido ha logrado apagar los cortafuegos, nuestro sistema antivirus está debilitado y cualquier pecado se filtra rápidamente por lo que tenemos que actualizar la calidad de la protección  para así tener un buen funcionamiento y seguir adelante con los desafíos del mañana. 

David decía: «Yo me alegré con los que me decían a la casa de Jehová iremos» Salmos 122:1 este verbo en el tiempo pasado remarca la idea del recuerdo que este rey tenía cuando estaba sirviendo de manera integral al Señor. Al igual que David, la vida espiritual  está mezclada con altos y bajos, que se generan por la no atención a los niveles de nuestro testimonio.

La falta de oración, de estudio bíblico, de ayuno, de comunión y la gran comisión (compartir el evangelio con otras personas) son algunas de los muchas debilidades que a causa del descuido, están provocando graves daños a la vida espiritual. ¿Qué podemos hacer? En primer lugar aceptar que como humanos es común que tengamos esa serie de situaciones que son propias de la naturaleza carnal. La lucha por estar consagrado en un mundo lleno de tentaciones y filosofías de pensamiento atractivos no es nada nuevo. Desde hace mucho tiempo los seguidores de Jesús descubrieron que el secreto estaba en renovarse, mantenerse activo espiritualmente y olvidarse de los fracasos del pasado.  Romanos 12:2 nos presenta la rutina disciplinaria de un cristiano que cada día tiene un compromiso con Dios por ser obediente. «Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto».

Isaías 40:30 «Los muchachos se fatigan y caen…», claro que en la vida cristiana nos cansamos y  fatigamos, cuesta seguir adelante, cuando las luchas se vuelven duras y la fidelidad a los principios bíblicos se sustituyen con el objetivo de no provocar un rechazo popular. Dios nos pide que seamos fuertes y que avivemos constantemente el fuego para mantenernos como lumbreras, iluminando la oscuridad para que otras personas no se pierdan.

¡Cuántas cosas produce el descuido¡ Un Mefiboset que se cayó en la carrera, una fruta comida por Eva en el Edén, un joven que se durmió cuando Pablo predicaba, un rey que cayó en la tentación cuando miró a una mujer bañándose y otros sucesos que se pueden mezclar con las experiencias nuestras.

Lo más importante es actuar rápidamente. Dios nos dice: Isaías 1:18: «Venid luego dice Jehová…» Volvamos al primer amor y comencemos a renovar nuestra fe.

Las cinco vírgenes se descuidaron pero las otras estaban alertas. No faltó la lámpara y el aceite, lograron recibir al esposo.

Hebreos 2:1,3:«Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?»

Hagamos un esfuerzo y evitemos el descuido. Estemos alerta.

Bendiciones.

 

 

 

Acerca del autor
Carlos Hernández Zamora

Educador de generaciones, orientado al estudio de la literatura y lenguas extranjeras. Me agrada escribir cuentos y ensayos. Creo en las capacidades de las personas para salir adelante. Analítico en las problemáticas sociales. Constante en el estudio, pues sé que un pueblo educado es un ente libre de la ignorancia. Aficionado a la tecnología, lector activo y participativo de la Biblia. Bloguero de Onda Exclusiva en la sección de «vida cristiana» y «acción social».