Asume tu responsabilidad

Escrito el 11/05/2016 - 6:37pm Por Diego Carrasco

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“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí”. (Génesis 3.11 al 13)

¡Parece una historia de locos! Si prestamos atención a lo que ocurre allí, veremos la trama perfecta para una película cómica o algo similar. Un buen guionista sabría sacarle provecho seguramente…

Lo cierto es que al mirar esta historia, encontramos algunos aspectos más que interesantes, y de los que quisiera hablar en los próximos minutos. ¿Tendrías la amabilidad de acompañarme en la lectura? Entonces sigamos…

Dios había dado instrucciones al hombre y a la mujer respecto de cual debiera ser su conducta en relación a dos árboles que había en el Edén, pero en especial de uno de ellos, al que no podían acercarse con intenciones de comerlo. Sin embargo, y a pesar de las advertencias divinas, ellos hacen lo contrario, deciden comer del fruto del árbol prohibido,… ¡y las consecuencias de dicho accionar las vivimos, enfrentamos y pagamos hasta el día de hoy!

Pero la cosa no termina ahí. La historia nos muestra que, luego de proceder como lo hicieron, ambos (hombre y mujer) se vieron en una situación nunca hasta ese momento vivida por ellos. Dice la Biblia que se encontraron desnudos, lo que motivó que ante el llamado de Dios, corrieran a esconderse. ¡Increíble!

Presta atención. La culpa te aleja de la Presencia de Dios, la convicción te acerca a su Presencia, ¡no lo olvides! Judas solo experimentó la culpa por su pecado o error, y la culpa fue tan fuerte que decidió quitarse la vida, en cambio Pedro, frente a su pecado y aunque experimentó la culpa, fue más fuerte la convicción de sentirse amado por el Maestro.

Ruego a Dios que esto que estoy escribiendo llegue a tu corazón, porque siento que hay muchos que están leyendo y viviendo con una gran carga de culpa, razón por la que se han alejado de la Presencia de Dios. Quizá se congregan, quizá oran, cantan, sirven, hacen cosas para Dios, pero aún están atados a culpa y condenación por errores que han experimentado.

¿Quién te enseñó que estabas desnudo?, fue la pregunta de Dios. Pregunta que no quedó sin respuesta, pero sí que dio comienzo a una serie de evasivas de parte del hombre y la mujer. Frente a dicha pregunta, Adán da una respuesta: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”. Acto seguido, Dios lanza la misma pregunta dirigida a la mujer, y ella dice: “La serpiente me engañó, y comí”.

Ahora bien, quiero hacerte unas preguntas a ti que has enfrentado ciertas tentaciones y has cedido a las mismas, por no haber aprendido a oír la voz de Dios, a ti que hoy vives huyendo de la presencia de ese Dios que te coronó de privilegios, que te bendijo abundantemente, etc, por haber hecho lo incorrecto.

¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del fruto prohibido? ¿Has hecho lo que NO debías hacer? Mi querido amigo, todos a diario enfrentamos tentaciones, pero para cada una de ellas Dios ha provisto la salida, entonces debemos entender que es nuestra la responsabilidad de actuar como corresponde.

Ellos tenían todo un jardín a su disposición, pero no les bastó con eso. Tenían todos los frutos de todos los otros árboles para comer y deleitarse, pero no les alcanzó. Y es que “jugar” con lo prohibido siempre tiene costos altos, meternos en sitios o situaciones inapropiadas por el solo hecho de “probar” puede hacer que terminemos enredados en desobediencia, culpa y temor.

La desnudez del hombre hizo que éste intentara esconderse de Dios, y eso es lo mismo que ocurre en nuestra vida cuando sabemos que hemos hecho algo mal, corremos a escondernos porque no queremos que se note que estamos desnudos del alma, desnudos espiritualmente, ¡entonces huimos!

Pero lo más preocupante es que, tanto el hombre como la mujer miraron hacia terceros en busca de responsables. En ningún momento hicieron mea culpa, sino que trasladaron responsabilidades hacia otros. “No fui yo, fue él o ella”, es lo que se escucha cuando una pareja tiene conflictos, “es culpa de ella que lo provocó” se escucha cuando una mujer ha sido violentada por algún hombre, acaso como si eso fuera un motivo como para lastimar a alguien.

Y tantas declaraciones más de este tipo, que solo demuestran una vez más, cuan irresponsables podemos ser. En muchas ocasiones, actuamos sin medir las consecuencias. Ni el hombre ni la mujer quedaron exentos de las consecuencias de su mal proceder, no creamos entonces que tú y yo seremos la excepción…

Mi querido amigo, Dios nos ha dado un lugar de privilegio, nos ha colmado de bendiciones abundantes, nos ha dado todo lo que necesitamos para que nuestra vida sea una vida de impacto. Pues entonces hagámonos cargo de lo que nos corresponde, y si algo hemos hecho mal, no busquemos responsables afuera, asumamos nuestra culpa, sabiendo que al venir ante nuestro Dios hallaremos gracia y favor. Que la convicción de ser amados por nuestro Gran Dios sea mayor que la culpa que podamos experimentar por el pecado.

No huyas más, si has pecado, si has errado, solo dile a Dios: “Perdón, he hecho lo que dijiste que no debía hacer”, y corrige hoy tu camino. ¡Que tengas un día híper bendecido!

Acerca del autor
Diego Carrasco

Hola, soy Diego Carrasco, vivo en la ciudad de General Roca, Provincia de Río Negro, sur de la Republica Argentina. Pastor de Comunidad de Fé "Más ALTO", Escritor y Conferencista, Acompañante Terapéutico, Profesor de Música y Defensor de la Vida. Casado con Paula y padre de Tomás, Matías, Julieta y Paloma, mis ángeles. Busco constantemente ser una fuente de inspiración para otros.