Corriendo con paciencia

Escrito el 08/06/2017 - 11:16am Por Carlos Hernández Zamora

Pensar en carreras, me remite a la fábula de la liebre y la tortuga, en la que la constancia venció al exceso de confianza .  La carrera es una experiencia muy comprometida que encierra una serie de recursos con los que se debe contar para seguir activo y no quedarse derrotado. La euforia nos embarga, comenzamos a emprender muchas metas pero poco a poco el descontento  y el desánimo nos invaden y paulatinamente vamos reduciendo el paso, hasta que nos quedamos quietos y vencidos.

Muchas veces al igual que tú, estoy corriendo en la autopista celestial. Los obstáculos son muchos, algunos los paso fácilmente, pero en otros, fallo. Me quedo en la carrera con frustración y desaliento. Luego viene a mi mente el deseo de seguir adelante y comienzo de nuevo.

La vida es una carrera que todos los días realizamos. Luchar contra los deseos y las concupiscencias del mundo, contra el sin número de tentaciones y porque no decirlo contra nuestro propio yo, se ha convertido en una lucha inherente a nuestra madurez espiritual. Cuando se pierde la motivación se pierde la visión. Desde la pérdida del primer amor espiritual hasta la falta de asistencia al templo o el desinterés por presentar un buen testimonio para ser luz a otros.

La frustración de fallarle a Dios y a aquellas personas que confiaban en nosotros, manifiesta una carga emocional que cada día se hace más grande y que nos impide avanzar.

Correr con paciencia, es comprender que estamos en un proceso de combate espiritual, que cada día luchamos contra todas las adversidades y que nos levantamos del suelo del fracaso y emprendemos nuevamente la carrera.

Como corredores según Hebreos 12:01 debemos estar conscientes de que nuestras actuaciones están siendo observadas por una serie de testigos, algunos ya han pasado por estar circunstancias, otros ni siquiera están en la carrera, pero cada uno de ellos, es un espectador, es un lector que está pendiente de nuestra actuación en el escenario de la vida cristiana.

La palabra clave es despojarse, llevar el peso ligero y exacto. ¿Sabes? Cada vez que me toca viajar mi familia y yo nos preocupamos por no sobrecargar el equipaje. Días antes registramos el peso de las maletas hasta llegar a las libras que la aerolínea acepta. Cuando llegamos al aeropuerto y registramos el peso, una sonrisa de satisfacción se dibuja en nuestro rostro, porque llevamos todo en orden.

Avanzar sin despojarse del peso, es una misión imposible. Nos obstaculiza llegar a la meta. Todo peso, frustraciones, depresiones y el complemento del pecado producirán un hundimiento espiritual. Será como caminar en un pantano. Cada vez que intentemos movernos, tocaremos fondo.

Algunas veces nos aislamos y empezamos a culpar a otros por nuestros errores, o nos alejamos de aquellas personas que han sido nuestros amigos sinceros y comenzamos a rebelarnos contra todos. Olvidamos las promesas de salvación y el despecho a flor de piel, se encarna en un espíritu de amargura, que puede contagiar a muchos.

 La clave para salir de esta crisis, es poner los ojos en Jesús. Si nos enfocamos en el andar de otras personas, tarde o temprano, ellos fallarán y como resultado, ese fracaso puede influir en nuestro comportamiento

La mejor recomendación es levantarse. Olvidar ciertamente lo que queda atrás y dar el primer paso. Hay tantas bendiciones que están esperando por ti.

Reactívate y no permanezcas bloqueado. Eres un corredor muy importante y tu premio de recompensa está cerca.

 

 

Acerca del autor
Carlos Hernández Zamora

Educador de generaciones, orientado al estudio de la literatura y lenguas extranjeras. Me agrada escribir cuentos y ensayos. Creo en las capacidades de las personas para salir adelante. Analítico en las problemáticas sociales. Constante en el estudio, pues sé que un pueblo educado es un ente libre de la ignorancia. Aficionado a la tecnología, lector activo y participativo de la Biblia. Bloguero de Onda Exclusiva en la sección de «vida cristiana» y «acción social».