¿Creyente o Discípulo?

Escrito el 25/11/2015 - 9:20pm Por Carlos Hernández Zamora
¿Creyente o discípulo?

¿Creyente o discípulo?

Era un domingo lleno de sol y me estaba alistando para ir a la iglesia. Mi costumbre de irme informado sobre los   temas noticiosos del momento y un poco de curiosidad me obligó a buscar los canales de tv tradicionales, aquellos  que se sintonizan en la señal abierta. Con la ayuda de una pequeña antena UHF capté la señal borrosa de un canal y   en ese momento pasaban una reflexión cristiana sobre el tema: «¿Creyente o Discípulo?»

La lista de contrastes era mucha, pero la conclusión que me dejó este mensaje provocó en mí un pensamiento crítico para ser aplicado en mi vida. Todos somos seguidores de Cristo y nos gusta que nos digan creyentes, pero a la luz de la palabra divina, el perfil que exhibimos ante la sociedad, no cumple con las expectativas que se espera de nosotros.

El ser creyente o discípulo es una decisión propia, aunque nos vamos conformando a la manera de actuar de otros hermanos que influyen en nuestro crecimiento espiritual. Un creyente se preocupa por ir al cielo, decía la reflexión, mientras que un discípulo se preocupa por llevar otros al cielo. La diferencia está en la visión, en la perspectiva, en el aprovechamiento de los recursos para ensanchar el reino de Dios.

En la actualidad, la imagen de un creyente se estructura bajo los paradigmas de un sistema social que se aleja del modelo bíblico. La libertad espiritual ha conducido al libertinaje en pro de un libre albedrío que desafía todo los establecido en las leyes divinas.

Un discípulo es un factor de crecimiento exponencial. Es un recurso muy indispensable en el crecimiento de una iglesia, pues la motivación para presentar el mensaje, para servir, para educar a otros, le impide llegar a sentarse en el templo y vivir una vida pasiva sin ejecutar sus dones.

Los procesos que se ejecutan para comprobar los quilates del oro, se someten a rigurosas pruebas  para  autenticar su gran valor. Como seguidores de Jesús pasamos constantemente por el fuego, ya que Dios necesita refinarnos y luego utilizarnos en su amplio ministerio.

Algunas veces perdemos la perspectiva del siervo diligente, de aquellos que se sacrificaron por multiplicar el talento y nos convertimos en el siervo diligente que no quiso aprovechar la ocasión para trabajar con los recursos ofrecidos.

Creo que la sociedad es el lugar de trabajo, existen muchas responsabilidades que ejecutar. Cada día aparecen áreas para servir a la humanidad y despertar el amor en acción a las almas necesitadas. Sin embargo, la iglesia se ha convertido en un lugar de entretenimiento para muchos, a veces se puede considerar como un club social en donde los miembros desarrollan una serie de actividades  alejadas de los propósitos de formación espiritual.

Marcos Vidal en una de sus canciones: «Cristianos» nos presenta una radiografía de lo que es el cristianismo antes y en la actualidad. La letra de la canción nos exhorta a volver a los parámetros antiguos para seguir siendo luz en la oscuridad, para proclamar liberación y romper con las cadenas de esclavitud del pecado.  Según Carlos Puyol Buil: «Hay muchas tentaciones atractivas luchando por captar nuestra atención y distraernos de las cosas espirituales. Es muy fácil perder el rumbo cuando no sabemos retener nuestros principios cristianos». (Pero hay un Dios en los cielos, pág. 305).

La invitación para cambiar de perspectiva está en nosotros. No vivir bajo un conformismo como lo dice Romanos 12:2 sino renovando nuestro entendimiento constantemente. Debemos de encontrar un punto de equilibrio entre las dos concepciones. El legalismo también puede destruir nuestras expectativas y convertirnos en opresores en lugar de libertadores. Vivir la vida en abundancia y dando frutos es uno de los retos para un discípulo.

Como discípulos de Cristo estamos sujetos a esa visión de enseñar a otros, de ser un factor multiplicativo de crecimiento en la iglesia de hoy. Doce personas que acompañaron a Jesús en su ministerio lograron continuar con ese legado y contagiaron a otros para desarrollar esa misión.

La elección es tuya. Si has perdido la perspectiva  y  quieres experimentar el gozo de ser discípulo, comienza de nuevo y encontrarás una razón para tu ministerio. Éxitos. Dios te bendice.

Acerca del autor
Carlos Hernández Zamora

Educador de generaciones, orientado al estudio de la literatura y lenguas extranjeras. Me agrada escribir cuentos y ensayos. Creo en las capacidades de las personas para salir adelante. Analítico en las problemáticas sociales. Constante en el estudio, pues sé que un pueblo educado es un ente libre de la ignorancia. Aficionado a la tecnología, lector activo y participativo de la Biblia. Bloguero de Onda Exclusiva en la sección de «vida cristiana» y «acción social».