Cristianismo Abúlico

Escrito el 13/03/2018 - 6:00am Por Diego Carrasco

ABULIA

“Por tanto, Id y Haced…” fue el mandato del Maestro a los suyos, un tiempo antes de partir al cielo.

Dos palabras que definen a la perfección la tarea que como cristianos tenemos, pero justamente las dos más obviadas. Id y Haced, la primera tiene que ver con una acción, con movimiento, mientras que la segunda tiene que ver más con la formación y/o conformación de aquellos que recibieran el mensaje.

“Id y Haced”, más que una buena idea o una buena sugerencia, denota una orden, un mandato. Pero algo nos ha ocurrido en el camino, así como con otras cuestiones. Hemos “aggiornado” este texto a una versión más actualizada, claro está, según nuestros propios criterios o gustos.

“Vengan, les esperamos”, “Los invitamos, serán bienvenidos o bien recibidos”, son algunas de las frases que mejor hemos elaborado para al menos, justificarnos diciendo que “algo estamos haciendo”, y de esa manera, ya no sentirnos tan mal…

¿Qué nos ha pasado? ¿Quién nos cambió la ficha? Sí, ya sé, me dirás que algún travieso con cola larga y un fino tridente nos engañó, ¿verdad?, y que transformó a los comisionados en gentiles y amables recepcionistas.

Lo cierto es que dos palabras definen nuestra labor en la tierra, y oh casualidad, son las dos menos practicadas. ¿Por qué? Porque la iglesia de este tiempo sufre de Abulia. ¿Qué es la Abulia? Básicamente, es la: “Falta de voluntad o de energía para hacer algo o para moverse”.

Así es, mi estimado amigo, compañero de lectura, la iglesia padece de la falta de voluntad necesaria para moverse, para ir y hacer, cumplir con la tarea. ¡La iglesia no quiere ni desea moverse! Y creo saber cuál es la razón por la que no desea moverse: Está muy CÓMODA…

La Comodidad es la enemiga número uno de la iglesia en este sentido. Podemos mencionar otros factores que hacen que la iglesia padezca de este mal, pero creo que la comodidad es el factor principal que hace que la iglesia no avance, que no se movilice.

Dos palabras nos fueron dadas como tarea, no así el método, eso requerirá de pensar y elaborar las estrategias para cumplir con lo solicitado, pero no haremos demasiado si ello implica moverse. Hay demasiada Abulia en el pueblo cristiano, y te lo voy a demostrar de la siguiente. Todo pasa por si “tengo o no tengo ganas”, “por si está bueno, me gusta o no me gusta”, etc.

¿Por qué la gente no ora ni lee la Biblia? Porque hay demasiada apatía, falta de voluntad para hacerlo. ¿Por qué las personas no evangelizan? Porque no planifican hacerlo, mucho menos si ello involucra el salir a hacerlo. ¿Por qué son tantos los que no se congregan? Porque si hace frío les dará pereza tener que salir, y si hace calor será una excelente oportunidad para quedarse en casa, aunque claro, miraremos alguna predica por internet “y así recibiremos la bendición”.

Hay un cristianismo que carece de fuerza porque hay demasiados cristianos Abúlicos, sin fuerza, sin ganas, sin motivación, sin el empuje necesario para hacer la tarea. Hay demasiados cristianos deprimidos, se les puede oler la depresión a kilómetros, olfateas su estado anímico por sus escritos en las redes sociales, etc.

¿Cómo conformar una iglesia poderosa y transformadora cuando quienes integran sus filas carecen de total voluntad para provocar dicha transformación? En el libro de los Hechos de los Apóstoles, se conocía a los cristianos como aquellos “que trastornaban el mundo entero”, no como los “depresivos que contagian a todo el mundo con su bajón”.

Y es que otro de los síntomas de la Abulia es la incapacidad para tomar decisiones serias, coherentes, firmes, etc, y ejecutarlas. Entonces el “Id y Haced” queda relegado, porque no hay ganas…

“No tengo ganas de ser santo”, “no tengo ganas de ir a la iglesia”, “no tengo ganas de servir”, “no tengo ganas de moverme”, etc. Pero lo más preocupante de esto es cuando encontramos que quienes no desean moverse son quienes lideran dichas congregaciones, cuando en lugar de tomar la iniciativa e ir al frente, terminan escondidos (Saúl), llenos de miedos, atemorizados.

Cuando un líder no desea moverse, provocará un estancamiento en la vida de aquellos que junto a él, conforman esa congregación, y tú sabes bien lo que ocurre con el agua estancada, mi querido lector.

Algo no anda bien, algo no está en el orden correcto, algo debemos modificar si es que acaso deseamos lograr una transformación real de nuestras comunidades. No creo que la iglesia no pueda lograrlo, creo que aún no se ha dado cuenta del potencial que posee, entonces lo dilapida, lo despilfarra viviendo entretenida y olvidándose de entrenarse para lo que viene.

No creo que la iglesia esté muerta, creo que solo duerme y ha llegado el tiempo de que despierte. No creo que la iglesia no posea las cualidades necesarias para acabar con tanto mal, el tema es dejar de abrazar lo que está mal, ser honestos y corregir dentro lo que pretendemos corregir y cambiar afuera. Siempre se empieza desde adentro hacia afuera.

Estimado cristiano, estimado líder, mueve a tu iglesia, sacúdela de ese estado de comodidad, de ese estado abúlico, motívate y motívalos a ir en pos de aquello que el Señor ha puesto delante. Sacude todo argumento erróneo, que te frena y que frena a los tuyos, y avanza. Para ir hacia adelante, no queda otra que avanzar, y si lo haces, te “profetizo” entonces que avanzarás, avanzarás, y avanzarás… Te bendigo!

Acerca del autor
Diego Carrasco

Hola, soy Diego Carrasco, vivo en la ciudad de General Roca, Provincia de Río Negro, sur de la Republica Argentina. Pastor de Comunidad de Fé "Más ALTO", Escritor y Conferencista, Acompañante Terapéutico, Profesor de Música y Defensor de la Vida. Casado con Paula y padre de Tomás, Matías, Julieta y Paloma, mis ángeles. Busco constantemente ser una fuente de inspiración para otros.