El desafío del perdón

Escrito el 09/12/2014 - 10:20pm Por Diego Carrasco

 

PERDON

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (San Mateo 6.14 y 15)

¿Puedes perdonar? ¿Puedes perdonar a ese hijo desagradecido, al amigo que traiciona la confianza, al vecino que desparrama chismes dañinos? ¿Pueden perdonar los esposos, que se critican constantemente el uno al otro frente a los demás? ¿Puedes perdonar a tu cónyuge después de que te ha sido infiel? Podríamos citar muchos ejemplos más, pero la pregunta vuelve a ser la misma: ¿Puedes perdonar?

Perdonar no es fácil. Perdonar es “dar cuando uno todavía está lastimado, y sangrando por dentro”, dice la escritora y teóloga Doris Donnelly. Y agrega, “enfrentar los sentimientos lastimados ayuda, confiando en Dios y en que cuando uno llegue al fondo será bendecido con el don del perdón”.

Decimos que perdonar no es fácil porque si alguien debe acudir al perdón es porque en algo ha sido herido, y toda herida produce dolor. Perdonar en medio del dolor no es sencillo,… sin embargo, el texto citado arriba nos dice que si no podemos perdonar, tampoco podremos recibir el perdón de Dios sobre nuestra vida.

Para ello deberemos recordar también que el perdón es un acto de nuestra voluntad por encima de nuestros deseos o sentimientos, si alguien piensa que debe esperar a sentir para perdonar a quien le hizo mal, entonces podrá pasarse toda la vida asi, y nunca sentirá nada al respecto.

¿Acaso alguien puede sentir de perdonar a quien lo lastimó? ¿Puede la esposa sentir deseos de perdonar a su esposo por su infidelidad? ¿El amigo traicionado puede sentir de perdonar a quien traicionó su confianza? Seguro que no.

Y esa falta de perdón genera amarguras, odio, rencores, etc, todas cosas que limitan y estancan nuestra vida. La falta de perdón cierra el cielo sobre nuestra vida…

Recuerda a Jesús cuando, estando en la cruz y siendo burlado, azotado, insultado, etc, elevó su última plegaria al cielo, intercediendo por quienes solo se burlaban de él, y dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

¿Habrá sentido Jesús el deseo de perdonar? ¿O fue un acto de obediencia por encima de su deseo? Tenemos que aprender esta lección: Perdona por obediencia, más allá de tus sentimientos y/ o deseos.

“La vida está sembrada con muchas espinas, y sé que no hay más remedio que atravesarlas lo más rápido posible. Cuanto más nos detenemos en nuestros infortunios, mayor es el daño que nos hacen”. ¡Qué interesante!

La vida de cada ser humano tiene su porción de dolor. Pero no es necesario acarrear solos esas cargas emocionales y espirituales por el resto de nuestras vidas. Debes tratarte a tí mismo con toda delicadeza y respeto. Apóyate en ese Dios lleno de amor, recibe valor y confianza, busca compartir con otros, y encuentra a alguien que te escuche, y a alguien a quien tú puedas escuchar.

Todos los días la gente hace las paces con el pasado, consigo mismos, y con los demás. A través de la gracia de Dios, y de tus propios esfuerzos, puedes conocer el regocijo de hoy y la esperanza del mañana.

Perdona aunque cueste, perdona aunque sea muy grande el dolor, perdona aunque quien te lastimó sea el más cercano a tí. Haz tu carga más liviana, no lleves bultos de rencor, odio, resentimientos en tu viaje por esta vida. Cuando perdonas el cielo se abre a tu favor, y verás brillar el sol nuevamente.

Perdonar es renunciar al derecho de castigar al culpable. Es olvidar el sufrimiento y tratar al otro mejor de lo que se merece, sin pedirle nada a cambio. Recuerda esto: Perdonar es un regalo de amor que se elige dar al ofensor.

¡Que tengas un día híper bendecido!

Acerca del autor
Diego Carrasco

Hola, soy Diego Carrasco, vivo en la ciudad de General Roca, Provincia de Río Negro, sur de la Republica Argentina. Pastor de Comunidad de Fé "Más ALTO", Escritor y Conferencista, Acompañante Terapéutico, Profesor de Música y Defensor de la Vida. Casado con Paula y padre de Tomás, Matías, Julieta y Paloma, mis ángeles. Busco constantemente ser una fuente de inspiración para otros.