¿En qué categoría estoy?

Escrito el 13/04/2017 - 12:33am Por Diego Carrasco

Quiero compartir en esta tarde algunos pensamientos respecto de tres categorías de las que Pablo hace mención en uno de sus escritos, y que creo que son las que conforman nuestro mundo, y por supuesto, la Iglesia en general.

«Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie». (1º Corintios 2.14 y 15)

«De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo». (1º Corintios 3.1)

Veamos. 1) El Hombre Natural, (psuchixos griegos) que según nos cuenta Pablo, no percibe las cosas espirituales, porque las interpreta como locura. Es aquella persona que es gobernada por su intelecto y sus emociones, no es nacida de nuevo, es más bien inconverso.

Permanece de alguna manera dormido a las cosas espirituales. No puede entender lo espiritual porque no es racional. La palabra de Dios, sus promesas, su gracia y la fe son cosas incomprensibles para el hombre natural. El mundo del hombre natural es limitado por su entendimiento finito y sus sentimientos. El hombre natural no puede entrar en el reino de Dios porque en él no hay lugar para el obrar del Espíritu de Dios aún.

Son aquellas personas que por ejemplo, te dicen que estás loco por ir a una iglesia, porque «te lavan el cerebro», o te «sacan lo que tienes», etc. Tienen una mentalidad cerrada, piensan mal porque ellos no han logrado entender aún lo que significa el sacrificio de la cruz.

Jesús, en una oportunidad, le dijo a un maestro de la ley lo siguiente: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

No se lo dijo a cualquier persona, no se lo mencionó a un «improvisadito», se lo dijo a alguien que conocía al pie de la letra lo que decía la escritura, pero que estaba cerrado al obrar de Dios.

2) El Hombre Carnal, (sarkinos griegos), es aquel que según nos dice el apóstol, no ha crecido, no ha madurado en las cuestiones espirituales, y vive con celos, contiendas y envidias.

A lo largo de todo el Nuevo Testamento vemos ejemplos de la diferencia que existe entre el hombre carnal y el espiritual. Estos dos grupos de personas son extremadamente diferentes, pero hay algo que tienen en común: Los dos son nacidos del Espíritu. Es el apóstol quien acuña por primera vez la frase «cristiano carnal» en 1º Corintios 3.1, cuando dirigiéndose a los cristianos de Corinto les dice: «…no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo».

Lo primero que aprendemos de este pasaje es que el cristiano carnal es como niño, es uno que ha nacido de Dios pero vive fuera del reino de Dios. No crece espiritualmente, no madura y no se puede cuidar. El problema es que el cristiano carnal debe debiera haber pasado ya por esta etapa.

El problema con los cristianos carnales de Corinto fue que después de varios años todavía eran carnales. Es entonces que Pablo hace una lista de los resultados que provoca el ser cristianos carnales: «Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios» (Gálatas 5:19-21).

La causa de todos lo problemas en la iglesia corintia fue la carnalidad. Entonces, me pregunto: ¿No será la carnalidad de muchos cristianos de hoy la que provoca tantos conflictos en la Iglesia hoy? Mmm…

«Los cristianos carnales son la pesa más grande de la iglesia», afirma Reimar Schultze.

3) El Hombre Espiritual. (pneumatikos griego) Que está dotado por el Espíritu de Dios para juzgar todas las cosas, sin ser juzgado por otros. Es una persona madura, que tiene pleno conocimiento de la tarea que realiza y demás cuestiones. Es aquella persona que crucifica de manera continua los deseos de su carne.

El hombre espiritual es aquel que ha sido transformado y piensa, actúa, se mueve, siente como lo haría Cristo. Todo lo que hace tiene la finalidad de agradar al Señor, no persigue otro objetivo mayor.

Es una persona guiada por el Espíritu Santo en todo lo que hace, y que manifiesta en su diario vivir el fruto del Espíritu, es alguien que no finge sino que es. ¡Tremendo!

El hombre espiritual crucifica continuamente los deseos de la carne. La carnalidad nunca perseguirá a Jesús, pero cuando negamos a nuestros deseos carnales llegamos a la mente de Cristo.

¿Qué tipo de hombre eres tú? ¿El carnal? ¿El natural o el espiritual? ¿En qué categoría estás? Ser espiritual no es ser místico, no es ver ángeles o demonios por todos lados, ni ser alguien que delira por las calles gritando a los 4 vientos lo que cree haber visto en algún momento. Ser espiritual es rendirse libremente a la acción del Espíritu de Dios sobre nuestro ser entero (cuerpo, alma y espíritu), y que él sea el que se vea a través de nuestra vida. Eso, señoras y señores, es ser espiritual. Lo demás,… ¡es puro cuento! ¡Te bendigo!

Acerca del autor
Diego Carrasco

Hola, soy Diego Carrasco, vivo en la ciudad de General Roca, Provincia de Río Negro, sur de la Republica Argentina. Pastor de Comunidad de Fé “Más ALTO”, Escritor y Conferencista, casado con Paula y padre de Tomás, Matías, Julieta y Paloma, mis ángeles. Busco constantemente ser una fuente de inspiración para otros.