Sembrando la palabra

Escrito el 13/05/2016 - 7:24pm Por Carlos Hernández Zamora

Sembrando la palabra

Desde hace mucho tiempo en el jardín de la casa he cultivado rosas, en los primeros días todo está bien, las hojas verdes y los cogollos empiezan a florecer, pero al pasar algunas semanas, la planta empieza a debilitarse y poco a poco se seca, después de haber consultado, descubrí que la clave está en cortar algunas ramas, permitir que la luz solar le dé energía, remover la tierra, limpiar de maleza, un riego de agua controlado y dejarla crecer. Cuantos procesos por los que pasa un rosal para florecer. Al final la flor es admirada y luego cortada.

En la vida cristiana, tú y yo somos ese tipo de planta que estamos sembrados en el jardín terrenal para florecer, para dar fruto, pues ese es el objetivo primordial de un cristiano. El ciclo de la producción contiene una serie de etapas en las cuales tenemos que pasar para compartir la palabra de Dios. Algunas veces nos comparamos con otros hermanos en la fe que rápidamente dan fruto, no se quedan con la salvación sino que la comparten con otros.

Al leer la parábola del sembrador encontramos diferentes tipos de suelos en donde se han sembrado las semillas, desde los suelos duros, pedregosos, espinosos hasta los fértiles. Muchas veces me pregunto qué clase de semilla somos y en que tipo de suelo estamos.  Los frutos no aparecen y las interrogaciones vienen a la mente.

Las respuestas son variadas, desde la no confesión de los pecados hasta el desinterés arraigado en la pérdida del primer amor, mezclado por la falta de trabajo e indolencia. Los requerimientos son establecidos en la palabra como un mecanismo para mantenerse espiritualmente activo, llevando el mensaje de salvación y producir fruto en abundancia.

Leyendo el libro de Hageo, descubrí un término poco usado en nuestras conversaciones, se trata de hacer barbecho, me llamo la atención y enseguida comprendí que significa remover la tierra dura, sacar lo malo, dejarla descansar para que dé fruto. Nuestro corazón está poblado de sentimientos dañinos, especialmente cuando dejamos que las espinas se queden atrapadas y proyectamos una conducta misántropa, donde en lugar de sentir compasión por las almas, sentimos indolencia.

¿Por qué no queremos dar fruto? Bueno si no tenemos una vida apegada a los principios bíblicos, practicando un testimonio sincero, no podemos evangelizar a otros, por más que lo intentemos no ganaremos credibilidad. La vida cristiana no es teoría, es una practica constante de los valores y principios bíblicos. Somos cartas leídas y las personas están interpretando nuestro testimonio para comprobar si somos genuinos o falsos discípulos de Jesús.

David nos presenta una imagen del cristiano cuando ha caído en el pecado, tierra y grama seca, debilitado y cansado, sin ánimo de levantarse, tal pareciera que el salmo 32 y el 51 son una radiografía de la condición del hombre atrapado en las garras del pecado, su actitud hacia la vida y las consecuencias de las transgresiones, pero también se presenta la alternativa eficaz para salir del subdesarrollo espiritual y levantarse nuevamente para seguir en la carrera.

Siempre recuerdo el coro que cantamos en la iglesia basado en la parábola de los talentos, donde se le entrega al primero 5, luego al segundo 2 y al último 1, mientras el amo desaparece, todos empiezan a trabajar ese talento, lo multiplican y tienen una ganancia rápida, no así el siervo negligente que prefirió enterrarlo y no obtuvo más que el regaño del amo. Jesucristo está por venir y no debemos presentarnos sin ninguna cosecha espiritual. ¿Qué excusa daremos?

Dios no ha puesto en esta sociedad para dar fruto y para ello tenemos que estar limpiando nuestra vida para nutrirla del abono espiritual que Jesucristo nos ofrece en su palabra y de comenzar a fructificar de tal manera que presentemos nuestra cosecha de almas para Cristo.

Despertemos del sopor por el cual nos encontramos inactivos y nuevamente volvamos a la misión divina.

Dios te bendice.

 

 

Acerca del autor
Carlos Hernández Zamora

Educador de generaciones, orientado al estudio de la literatura y lenguas extranjeras. Me agrada escribir cuentos y ensayos. Creo en las capacidades de las personas para salir adelante. Analítico en las problemáticas sociales. Constante en el estudio, pues sé que un pueblo educado es un ente libre de la ignorancia. Aficionado a la tecnología, lector activo y participativo de la Biblia. Bloguero de Onda Exclusiva en la sección de «vida cristiana» y «acción social».