Tesoros en el cielo

Escrito el 17/11/2015 - 5:21pm Por Diego Carrasco

TESOROS

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde este vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. (San Mateo 6.19 al 21)

Que vivimos tiempos sumamente complejos y a la vez de muchísimas posibilidades, no es ninguna novedad. Lo cierto es que, según entiendo, vivimos tiempos también de muchísima superficialidad, tiempos donde se ha cambiado el enfoque, donde la importante ya no es “tan importante”, o directamente no lo es…

Cada vez son menos lo que realmente piensan de manera profunda aquello que importa en el reino de los cielos, que al fin y al cabo, es lo que trascenderá.

En una ocasión, Jesús se encontraba enseñándoles a sus discípulos un principio muy importante sobre su reino, y quiero que prestemos atención a algunas enseñanzas que compartiremos…

1) Jesús no estaba prohibiendo tener o hacer tesoros, lo que si estaba enseñando era acerca de donde era conveniente hacerlos, para que no se pierdan. La pregunta que debes hacerte es: ¿Cuál es mi tesoro? ¿A qué cosas le atribuyo el grado de tesoro?

2) Jesús estaba indicándoles el sitio correcto donde debieran estar aquellos tesoros. Es como una especie de Asesor económico, que viene y nos dice “no inviertas aquí por que vas a perder todo lo que inviertas, si quieres ganancias el lugar apropiado para invertir es este”.

Mi querido amigo, querida amiga, hacer tesoros en este tierra es peligroso, porque los mismos estarán expuestos a la corrosión y al hurto o robo, en cambio, cuando hacemos tesoros en los cielos no habrá forma en que la corrosión los alcance, ni existirá posibilidad alguna de que ladrones se apropien de ellos.

Sea cual sea el sitio que escojas para hacer tesoros, ya sabes a que te expones…

3) “Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. Palabras más que contundentes que el lanzaba el Señor a sus oidores por aquel entonces, y que vuelve a lanzar hoy, en este día, a todo aquel que quiera oír.

Es cierto que ya no se usa ese sistema antiguo, donde se ponían los tesoros bajo tierra o en cavernas, pero si es cierto que vivimos en este mundo como si nunca nos fuéramos a ir del mismo, y atesoramos en nuestro corazón cosas que desaparecen con asombrosa velocidad y que no tienen sentido.

¿Puedes reconocer cuál es tu tesoro? ¿Es tu cuenta bancaria? ¿Es un hombre, una mujer? ¿Algún deporte? ¿Alguna pasión que te moviliza y por la que dejarías todo? ¿Cuál es?

Más preguntas: ¿Estamos oyendo el consejo de Jesús? ¿Dónde estás haciendo tus tesoros? Recuerda lo siguiente: Tu corazón adorará aquello que sea considerado por ti como un tesoro.

Si tu dinero representa un tesoro para ti, pues entonces tu corazón se inclinará para resguardarlo de aquello que venga contra él, incluyendo las cosas que Dios ha estipulado como buenas y correctas.

Voy a ser más preciso. Sabemos que parte de nuestro deber es dar y sostener con nuestro dinero la obra de Dios, pero quien considera el dinero como un tesoro y pone allí su corazón, es probable que ni siquiera cumpla con este deber, porque lo considerará como un atentado a su tesoro.

Por esta razón es que Jesús nos dice hoy: “Cuidado donde pones tu corazón, cuida tu corazón sobre cualquier otra cosa, porque de él mana, fluye la vida”.

Mi querido lector, cuando las prioridades están correctamente elegiremos el mejor lugar para depositar allí todos nuestros tesoros. Las personas más ricas son aquellas que invierten y atesoran en los cielos.

¡Que tengas un día híper bendecido!

 

 

 

 

Acerca del autor
Diego Carrasco

Hola, soy Diego Carrasco, vivo en la ciudad de General Roca, Provincia de Río Negro, sur de la Republica Argentina. Pastor de Comunidad de Fé "Más ALTO", Escritor y Conferencista, Acompañante Terapéutico, Profesor de Música y Defensor de la Vida. Casado con Paula y padre de Tomás, Matías, Julieta y Paloma, mis ángeles. Busco constantemente ser una fuente de inspiración para otros.