Tiempo para Hablar

Escrito el 09/05/2018 - 9:23am Por Diego Carrasco

TH

“Más yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová, y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado. (Miqueas 3:8 Reina-Valera 1960)

¡Que tiempos aquellos, que época! Pareciera que fue ayer, pero fue allá lejos y hace tiempo, y es que se ve tan lejano que pareciera que nunca sucedió.

“Eran otros tiempos, era otra la historia, no había medallas, solo hambre de gloria…”, reza una canción escrita hace ya algunos cuantos años. ¡Cuánta verdad esconde en sus palabras!

En nuestra historia y reflexión de hoy, aparece un tal Miqueas, un profeta totalmente desconocido y de muy bajo perfil, no era de los que aparecía en radios y televisión de su pueblo, no promocionaba por Facebook, Twitter o Instagram sus apariciones públicas o próximos eventos de los que sería participe (aclaro, no es pecado). Nada de eso, vivía en un pueblito, alejado de la gran ciudad, en síntesis, un perfecto desconocido.

Tiempos difíciles en los que este hombre debía ejercer su función profética, y al pensar en esto, me río de aquellos que sostienen furiosamente que “todo tiempo pasado fue mejor”, ja. No señores, nada de eso, todo tiempo pasado tuvo sus pros y sus contras, todo tiempo pasado tuvo su momento bueno y su momento no tan bueno, al igual que nuestro tiempo, y siempre Dios se hizo presente a través de la vida de un hombre, en este caso, Miqueas.

Eran otros tiempos, donde ser profeta y denunciar lo que estaba mal podría llevar al denunciante a perder la cabeza, porque se enfrentaba al poder político y religioso de turno, y eso implicaba un gran riesgo. Hoy, pareciera que ejercer tal función no conlleva tanto riesgo, casi nada, hoy los profetas de turno parecieran carecer de fuerza, tal vez de valor para hacer semejantes denuncias como las que realizó nuestro amigo Miqueas.

La pregunta que me hago es: ¿Por qué ya no se escuchan esas voces? Y mientras pienso en la pregunta, elaboro en soledad mil conjeturas posibles. “Los que deben hablar, no lo hacen”, “Los profetas contemporáneos están en otra”, “¿Será que es más fácil hablar de ciertas cosas que otras?”, etc.

Lo cierto es que, frente a un panorama complejo, Dios levanta a un hombre como este de quien venimos hablando, que viendo lo que ocurre en su entorno, ¡no calla! Miremos un momento la situación a la que se enfrentaba este valiente y osado profeta, y consideremos algunos aspectos.

“Todo esto por la rebelión de Jacob, y por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la rebelión de Jacob? ¿No es Samaria? ¿Y cuáles son los lugares altos de Judá? ¿No es Jerusalén?. (Miqueas 1.5 – RV1960)

“! Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder! Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad”. (Miqueas 2.1 y 2 – RV1960)

“Dije: Oíd ahora, príncipes de Jacob, y jefes de la casa de Israel: ¿No concierne a vosotros saber lo que es justo?”. (Miqueas 3.1 – RV1960)

“Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, y claman: Paz, cuando tienen algo que comer, y al que no les da de comer, proclaman guerra contra él:…” (Miqueas 3.5 – RV1960)

1) En primer lugar, Miqueas enfrentaba una situación social compleja, profunda, grave,… ¡el mismo escenario de hoy! Pero él no huyó, no tuvo una actitud “escapista” ni silenciosa. Miqueas se animó al desafío de confrontar con la Verdad aquello que estaba mal, de otra manera, jamás algo podría llegar a cambiar. Los cambios no se producen por solamente orar y orar, los cambios se producen también cuando confrontamos el error con la Verdad de Dios.

La cuestión es que, además, Miqueas tenía una palabra profética procedente del mismo trono de Dios, no era una palabra complaciente sino más bien, certera, directa, que apuntaba al corazón de los líderes del momento. “Así ha dicho Jehová…”, así iniciaba Miqueas su profecía, él no decía algo así como. “Te declaro que viene tal cosa sobre tu vida”, anteponiendo por encima de Dios la vida de un mortal que está hablando acerca de… Por favor, quiero que trates de entender el espíritu con el que estoy escribiendo estas líneas.

Necesitamos más voces proféticas como la de este hombre, que no hablaba de lo que él sentía o creía, sino que hablaba de lo que Dios decía, ¡necesitamos más hombres y mujeres que tengan un “Así dice Dios” para América Latina!

2) En segundo lugar, vemos que la profecía va dirigida a líderes religiosos y políticos. ¿Qué es una profecía? Es un don que actúa en ciertas personas, y que permite conocer cosas distantes o futuras, por inspiración de Dios. Este hombre le habla a la dirigencia religiosa de la época, porque descubre que había “competencia ministerial”.

¿No es Samaria? ¿No es Jerusalén?, era la puja por ver cual era el sitio correcto e incorrecto, donde se movía más Dios, donde había más y mayores milagros, a quien escucha más Dios, cual es ministerio más bendecido, etc.

Pregunto. ¿No ocurre así en nuestros días? ¿Acaso no existe hoy la misma puja entre ministerios? ¿Cuántos son en tu iglesia? Pero el problema es más grave aun cuando vemos que esas actitudes y cuestionamientos están en quienes dirigen dicha organización. Uff!

Competencia religiosa a diestra y siniestra, que deja siempre un saldo negativo, especialmente para quienes entienden que no debiera existir tal cosa.

Pero además, nuestro amigo sigue disparando munición gruesa, esta vez contra el poder político. Y es el ignoto profeta estaba perturbado en su espíritu por lo que sus ojos apreciaban, veamos: Injusticia social, corrupción, violencia, etc. Y siente que frente a tal panorama no puede escaparse, no puede huir, o mejor dicho, no debe huir. Es el elegido por Dios para anunciar al pueblo lo que vendría de parte de Dios.

En Latinoamérica, estos factores de destrucción anteriormente citados, parecieran nunca tener fin. Y es que pareciera ser parte de una cultura que solo conduce a mayor opresión, a más y más dolor. Los líderes del tiempo de Miqueas maquinaban sobre sus camas aquello que al día siguiente ejecutarían, sin importarles nada ni nadie, solo considerando sus intereses.

Entonces, ocurre aquello que hemos visto millones de veces, los que menos tienen cada vez tienen menos, y los que más tienen engordan aún más sus bolsillos favorecidos por el voto de miles de personas quebradas, cansadas, agotadas, extenuadas al ver como se les va la vida, y nada mejora.

¿Qué todo tiempo pasado fue mejor? Ja. No mi amigo, esto que vemos en nuestros países hoy, ya lo experimentó el profeta por aquel entonces. La corrupción nunca se ha ido, solo se ha ido aggiornando a los tiempos, ha “mejorado” sus formas de manifestarse. Hace daño, lastima el silencio de aquellos que viendo tanto mal, callan.

Hace daño, lastima la mirada direccionada al ombligo propio de aquellos que se jactan de estar bien, sin mirar un poquito al costado. Miqueas nos invita a levantar la voz contra aquellos que mal ejercen sus funciones, religiosas y/o políticas. No se cambia lo que no se confronta. Que se enoje quien se enoje, yo decido levantar mi voz. Te bendigo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acerca del autor
Diego Carrasco

Hola, soy Diego Carrasco, vivo en la ciudad de General Roca, Provincia de Río Negro, sur de la Republica Argentina. Pastor de Comunidad de Fé "Más ALTO", Escritor y Conferencista, Acompañante Terapéutico y Profesor de Música. Casado con Paula y padre de Tomás, Matías, Julieta y Paloma, mis ángeles. Busco constantemente ser una fuente de inspiración para otros.