Un día gris…

Escrito el 09/06/2017 - 12:44am Por Diego Carrasco

«Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento». (Salmo 23.4)

¿Cuántas veces a lo largo de nuestra vida hemos experimentado todo tipo de temores? ¿Cuántas veces, a causa del temor, nos hemos sentido desalentados, con ganas de huir a algún sitio lejano? Creo saber cual es tu respuesta.

Déjame decirte entonces que no has experimentado nada «anormal», nada que no tenga que ver con el ser humano, independientemente de su sexo, credo, nacionalidad, color, status social, etc.

Situaciones emocionalmente arrasadoras suelen venir a nuestra vida a confundirnos el rumbo, a distraernos de aquello que Dios ha prometido hacer en nosotros y a través nuestro. Pérdidas irreparables, momentos de angustia donde nuestro único lenguaje son esas lágrimas que recorren nuestras mejillas de manera incesante, tratando de explicar lo inexplicable.

Son esos días grises donde, aunque el sol brille en todo su esplendor, para nosotros seguirá siendo un día gris, nublado, oscuro, porque esa dificultad nos está tapando el sol y junto con él, las nuevas posibilidades que trae cada nuevo amanecer. David nos dice que, a pesar del sitio emocional, espiritual y/o físico en el que se encuentre, ha decidido no dar lugar al temor porque está absolutamente convencido de que su Dios estará allí, protegiéndolo, sosteniéndolo, acompañándolo, dándole el aliento necesario para continuar sin desmayar.

¿No es fantástico? Claro que sí. Entiendo también que suele resultar difícil ver a Dios en medio del problema, y es que en ocasiones la fuerza de la dificultad con la que venimos lidiando ya por un tiempo, nos ha dejado sin fuerzas, sin ánimo, ha desbaratado todo intento nuestro por seguir creyendo en ese Dios, que al menos en este momento de nuestra vida, parece estar ausente.

Al parecer, nuestro amigo David estaba atravesando momentos de desaliento, de desánimo, momentos de dudas y temor, y es ahí que empieza a recordar que su Dios le había prometido estar en todo momento con él para librarlo, para ayudarlo a seguir, etc.

Mi querido amigo, compañero lector que estás allí preguntándote como hacer para continuar, que sientes que la vida se te ha puesto cuesta arriba, y no logras salir de ese laberinto de dificultades en que estás envuelto, a ti quiero decirte lo siguiente.

Pon en manos de Dios aquellos temores que te impiden avanzar, que te han quitado el aliento, confiésale tus temores, tus miedos, tus inseguridades, pon en sus manos lo que te ha quitado el sueño, y deja que su vara y su cayado te conduzcan por el camino que debes transitar.

Sabes, los temores roban sueños, roban destinos, roban bendiciones que han sido preparadas para nosotros, nos roban la felicidad, y nos atan de tal manera que nuestros mejores días se conviertan en nuestros peores momentos. Si sientes que el camino es demasiado duro, si sientes que el camino es peligroso y te sientes cansado, si te has desalentado por situaciones que te golpearon, si la vida ya no te sonríe, si tus días se han teñido de gris, entonces es el momento de entregar el control de tu vida a Jesús.

Acerca del autor
Diego Carrasco

Hola, soy Diego Carrasco, vivo en la ciudad de General Roca, Provincia de Río Negro, sur de la Republica Argentina. Pastor de Comunidad de Fé "Más ALTO", Escritor y Conferencista, casado con Paula y padre de Tomás, Matías, Julieta y Paloma, mis ángeles. Busco constantemente ser una fuente de inspiración para otros.