Un regalo del cielo

Escrito el 22/12/2016 - 8:35pm Por Diego Carrasco

pesebre

“Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”. (San Mateo 2.11)

Estamos a pocas horas de volver a celebrar la Navidad, un momento que une de alguna manera a la humanidad. Y que interesante es tomarnos unos minutos para recordar tal evento, un evento que marcó la historia de la humanidad, un evento que no volverá a repetirse jamás…

Quiero pedirte que me permitas durante los próximos minutos, reflexionar junto a ti acerca de este suceso. Desde la antigüedad, hombres y mujeres de aquella nación, habían oído hablar acerca de que Dios levantaría un Salvador, un Rey. El problema de esa promesa no era que no fuera verdad, sino la forma en que se manifestaría, la manera en que se llevaría a cabo. Pasaban los años, pasaban las generaciones y nada ocurría… ¡hasta que finalmente la promesa se hizo realidad!

Y aquí quiero compartirte algunos pensamientos para que, no solo en esta fecha especial de Navidad sino a lo largo de toda tu vida, puedas comprender la idea de Dios para tu vida.

1) Dios siempre romperá tus formas. Este niño que luego se convertiría en Rey y Salvador de la Humanidad, principalmente de aquellos que lo reconocen como tal, no tuvo lugar en el mesón, en los hoteles de lujo de la época, y tuvo que venir a nacer en un pesebre.

Cuando Jesús entró en la ciudad montado en un burrito, muchos no podían comprender que aquel que decía ser el Rey, el Mesías, apareciera montado en un burrito y no con un gran ejército de soldados y montado en los mejores caballos. ¡No! Dios tiene SUS formas de manifestarse, que muchas veces distan de las esperadas por nosotros. ¿Qué estás esperando en este tiempo de parte de Dios? Mantente expectante, alerta, pero no estereotipes a Dios.

Hace unos días escribía en las redes sociales, el siguiente pensamiento: “Encasilla a Dios y te decepcionarás. Déjalo que sea Dios, y te sorprenderás”.

2) ¿Qué es lo que tus ojos ven? Muchas personas han estado cara a cara frente a Jesús, sin embargo, nunca pudieron ver que estaban frente al Salvador del mundo, perdiendo así una oportunidad única. Los reyes de la historia iban a ese encuentro con la total certeza de que era el tiempo en que la promesa se haría realidad, lo que me permite decir que ellos eran personas entendidas en los tiempos. ¿Puedes reconocer el tiempo que estás viviendo?

Algunas personas se quedaron en el tiempo, y siguen viendo al niño envuelto en pañales y acostado en el pesebre, con un altísimo grado de ternura, pero no pueden sacar sus ojos de ese niño, comprender que creció y mucho menos, entender y reconocer que ese niño se convirtió luego en el Salvador de todos los hombres, muriendo y dando su vida en rescate por muchos, resucitando al tercer día, y hoy, reinando a la  diestra del Padre, próximo a venir por los suyos.

3) Que en todo tiempo, haya en tu vida y la mía adoración. Los reyes, al verlo allí en la casa, se postraron y adoraron. Ellos reconocieron en ese niño el cumplimiento de la promesa que durante largos años se había postergado, y ese reconocimiento derivó en acto de humillación y adoración.

Los reyes llevaban su adoración y también… ¡llevaban su ofrenda, que también es adoración! Quienes argumentan que Jesús no pidió nunca ofrenda tal vez tengan razón, lo que no pueden argumentar es que él las haya rechazado. Al contrario, a Jesús le encantan las ofrendas que son pensadas, que son meditadas.

Algunos preferirán ver que adoración es solo cantar y cantar hasta rabiar, quizá porque a la hora de ofrendar algún presente les cueste hacerlo, pero que tal si en esta Navidad te propones ir un paso más allá. Es solo un desafío, después si quieres cuéntame que tal la experiencia…

Piensa en tu pareja. ¿No crees que a ella o él le agradaría una manifestación de tu amor, además de lo verbal? Es solo un pensamiento.

4) Por último, ese niño nacido en un humilde pesebre, es el regalo del cielo para la humanidad. Hoy se han invertido los tantos, todos corremos al árbol lleno de luces y regalos esperando dar con el nuestro, pero si nos detenemos un momento, podremos ver que no solo hay regalos materiales, sino que el cielo también se ha manifestado dejándonos su mejor y más preciado regalo: un niño.

¡Sí! El Gran Emanuel ha venido a compartir la Navidad junto a ti y a los tuyos. Mi deseo y ruego es que esta vez él si pueda hallar lugar, pero no un lugar en tu casa, sino en tu corazón. Porque si Jesús puede nacer en tu vida y corazón, la Navidad pasará a tener otro significado para ti. Ya no correrás pensando en comprar los mejores regalos para brindarle a otros un momento de alegría, sino que podrás comprender que el mejor regalo en este caso no es el que tienes que dar sino que es el que tienes que recibir, para luego brindarlo a otros.

El regalo del cielo, el más preciado, el más anhelado y esperado hoy está frente a ti. Si lo puedes ver, entonces te animo a que en esta Navidad, al igual que los reyes, te postres ante él, adores y entregues tu mejor ofrenda. ¿Dinero? En este caso no, hablo de tu corazón.

¡Felicidades, que Dios te híper bendiga! Será hasta el año próximo, si así Dios lo permite. Un abrazo exclusivo para todos los que nos acompañaron en este año… Con amor, Diego.

Acerca del autor
Diego Carrasco

Hola, soy Diego Carrasco, vivo en la ciudad de General Roca, Provincia de Río Negro, sur de la Republica Argentina. Pastor de Comunidad de Fé "Más ALTO", Escritor y Conferencista, casado con Paula y padre de Tomás, Matías, Julieta y Paloma, mis ángeles. Busco constantemente ser una fuente de inspiración para otros.